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martes, 7 de marzo de 2017

La mujer y el cálamo


Sexo y tabúes


Bella... y no tanto


Médica y paciente


Los trabajos y los días


El poder en la casa: la matrona romana.


De diosas a mortales: mujer y poder.


Diosas del Olimpo, los arquetipos femeninos.


Condición jurídica de a mujer en el Derecho Romano.


Ser mujer en Roma


¿Cómo se puede reconstruir la vida de la mujer romana?


Femina: Ser mujer en Roma


viernes, 14 de febrero de 2014

FORTUNATA, LA ESCLAVA QUE VENDIÓ EL ESCLAVO DE UN ESCLAVO

Esta tablilla, descubierta en Londres en 1996, leída y publicada en 2003, era apenas perceptible  a simple vista  hasta que fue descifrada gracias a una combinación de fotografías de alta calidad agrandadas (tomadas de numerosos ángulos bajo diferentes condiciones de luz, y con diferentes filtros aplicados) y análisis microscópico. Las letras que se han conservado son el trazo que quedó marcado en la madera a través de la cera, hoy perdida.

El texto es el que sigue:
VEGETVS MONTANI IMPERATORIS AVG SER SECVN
DIANI VIC EMIT MANCIPIQVE ACCEPIT PV
Tablilla y "stilum"
ELLAM FORTVNATAM SIVE QVO ALIO NOMINE
EST NATIONE DIABLINTEM DE ALBICIANO
LEG… SESCENTIS…
EAQVE PUELLA DE QVA AGITVR SANAM TRADI
TAM ESSE ERRONEM FVGITIVAM NIN ESSE
PRAESTARI QVOD SI QV[.]S EAM PVELLAM DE
QVA AGITVR PAR…VE QVAM…
CERA QVAM PE…VM…
CAESARIS SCR…VITQVE…ARIS
  
“Vegetus, esclavo asistente de Montanus el esclavo del Emperador Augusto y en ocasiones esclavo asistente de Segundo, ha comprado y recibido por “mancipium” la chica Fortunata, o por cualquier nombre que se conoce, de nacionalidad Diablintia, de Albicianus [...] por seiscientos denarios. Y la chica en cuestión es transferida en buena salud, y está garantizado que ella no es susceptible de andar errando o fugarse, pero que si alguien reclama a la chica en cuestión o alguna participación en ella, [...] en la tablilla de cera que ha escrito y juramentado por el genio del Emperador César”.
La tablilla fue publicada en marzo de 2003 y publicada en Archaelogy Matters nº 19 por R. S. O. Tomlin “The girl in question: a new text from Roman London” 


jueves, 6 de febrero de 2014

LA VIRGINIDAD DE LA ESPOSA DEL VIDRIERO




Una de las virtudes encomiables de la mujer romana era la de la virginidad. Un ejemplo de la importancia que esta cuestión tuvo en la sociedad romana, lo podemos encontrar en el singular cipo funerario, fechado en el siglo III dC (211), y conservado en el Museo de Lyon (CIL, XIII, 2000). Está dedicado al difunto Julio Alejandro, vidriero de Cartago, por su extensa familia.

El texto  dice así:

“A los dioses Manes y a la memoria eterna de Julio Alejandro, africano de nacimiento, ciudadano de Cartago, hombre excelente, artista vidriero, que murió a los 75 años, 5 meses y 13 días, después de 48 años de matrimonio perfecto con su mujer, desposada virgen, con la que tuvo tres hijos y una hija, a todos los cuales ha conocido y dejado vivos.  Han  erigido esta tumba Numonia Bellia, su mujer, sus hijos Julio Alexio, Julio Félix, Julio Gallonio y su hija Julia Belliosa, y también sus pequeños Julio Au [..]us, Julio Félix, Julio Alejandro, Julio Gallonio, Julio Leoncio, Julio Gallo…, Julio Eonio y el bebé Cirio se la dedican…”  

viernes, 10 de enero de 2014

FEMINA KUANUM: CONDICIÓN JURÍDICA DE LA MUJER EN EL DERECHO ROMANO

El derecho romano se desarrolla desde el siglo IV aC. hasta el siglo VI dC. Durante casi doce siglos, la condición jurídica de la mujer va evolucionando: desde su sometimiento total al hombre, hasta un momento en el que goza de ciertos derechos y libertades.

En cualquier caso, su situación jurídica fue mucho mejor y más igualitaria que en civilizaciones anteriores, pero su capacidad de obrar estuvo siempre sometida a la tutela del hombre  y no tuvo capacidad política en ningún momento. Esto no quiere decir que no tuviera un conjunto de derechos civiles y, lo que es más importante, siempre gozó de una gran capacidad de influencia, ya que su papel en el seno de la familia fue esencial.

Sin entrar en el conjunto de relaciones jurídicas de las cuales era partícipe la mujer igual que el hombre, tres eran las instituciones que le afectaban especialmente:

La Conventio in manum, por la que, mediante el matrimonio (confarreatio, coemptio o usus), entraba en la familia del marido y se sometía a la potestad de su pater familias, que podía ser el propio marido o el padre de este si aún estaba sometido a él (alieani iuris): pasaba de estar sujeta a su propia familia a estarlo a la de su marido. La conventio in manum desaparece en época imperial.

La Dote. Al contraer matrimonio, el pater familias de la mujer, o su tutor, aportaba a su nueva familia un determinado patrimonio,con el fin de ayudar con las cargas del mismo, correspondiendo la administración de dicho patrimonio a su esposo. En caso de divorcio o muerte del marido, la dote le era restituida para poder garantizar así su mantenimiento.

La herencia. La mujer podía heredar, aunque lo habitual era que se instituyesen herederos a los hijos varones, y ella fuese titular únicamente del usufructo de los bienes que se le asignaban.

En cuanto a la dote, solía ser restituida a la viuda, si bien para asegurar que los bienes continuasen dentro de la familia se solían establecer usufructos o fideicomisos de la herencia. Es decir, la mujer podía disfrutar de todos los beneficios, pero sin poder disponer plenamente de ellos.

Finalmente, la mujer podía otorgar testamento, en un primer momento con la intervención del tutor, pero, con la evolución del derecho romano, este requisito dejó de ser imprescindible.


El predominio absoluto de los hombres en la vida pública romana excluía la actuación directa de la mujer en el foro y ante los tribunales  -es decir, que ejerciera de abogada-, si bien no consta, al menos durante la república, que le estuviera expresamente vedado.

Han  llegado, no obstante, noticias de mujeres que ejercieron tales funciones:

Amesia Sentia, en el año 77 aC.; Hortensia,  hija del orador Quinto Hortensio (114 aC. – ca. 50 aC.); y Caya Afrania, contemporánea de Hortensia. Sin embargo, de la documentación que se dispone, parece ser que las dos primeras se defendieron a sí mismas de casos en los que eran afectadas, mientras que Caya Afrania es la única que actuó realmente representando intereses de terceros, es decir, una auténtica abogada.

Posteriormente, nos llegan referencias de que el ejercicio de la abogacía por parte de la mujer fue expresamente prohibido, como mínimo desde la época de Ulpiano (siglo III dC.).


“Por razón del sexo, en cuanto prohíbe que las mujeres aboguen por otro; y la razón de la prohibición es ciertamente para que las mujeres no se mezclen, contra la honestidad correspondiente a su sexo, en causas ajenas, ni desempeñen oficios propios de hombres. Y fue originada por Carfania [¿Caya Afrania?}, mujer corrompidísima, que abogando e importunando al Magistrado, dio motivo a este Edicto [de Ulpiano].”  (Justiniano, Digesto, Libro III, titulo I, 1. 5).

Imágenes:

Sarcófago “de los esposos”. Perteneciente a una familia  senatorial. Se halló en 1974 inviolado, y contenía los esqueletos de dos difuntos: una mujer de 50 años y un hombre de 60, que presentaba lesiones óseas importantes, curadas antes de la muerte.  Primera mitad del siglo IV dC.  Museo de Arles


VXOR, esposa. La mujer pertenece a la casa, donde tiene siempre un dueño. Epitafio de Lucius Servenius Seleucus y de su esposa Munatia Benigna, libertos. Alto Imperio. Museo de Narbona.

Sarcófago de los Dióscuros. Los esposos se toman de la mano ceremonialmente. Relieve sepulcral, s. IV dC. Museo de Arles

Retrato de un Flamen Dialis Ca. 250-260  dC. La confarreatio era la primera fase en los esponsales romanos entre patricios.  El nombre proviene del hecho de que la novia y el novio comparten una torta de harina (far o panis farreus). El Flamen Dialis, alto sacerdote de Júpiter, oficiaba esta ceremonia. Museo del Louvre, París

Pedestal de mármol para una estatua originariamente recubierta de plata. Puede leerse: “Aponia Montana, hija de Gayo ordenó en su testamento poner [esta estatua] de 100 libras de plata [32,7 kg], en nombre de su hijo Cesio Montano. Sus herederos no dedujeron la Vigésima [el 5% del impuesto imperial sobre las sucesiones].” Aponia es conocida por sus contribuciones al pago de juegos circenses, y como sacerdotisa del culto imperial, “Flamínica”.  Siglo I dC. Museo de Écija

Estela con retrato de matrimonio: Coesia se la dedicó a su marido Pomponianus. La mano izquierda de la mujer se apoya extendida sobre la palma de la mano del esposo como símbolo del matrimonio. Siglo II dC. Museo de Mérida


El fin principal del matrimonio era la procreación, con lo que se aseguraba la perpetuidad de la casa y de la gens; por eso, los censores vituperaban tanto a los hombres como a las mujeres solteras. Fondo de recipiente de vidrio con un matrimonio y un niño. “Rogatus, Julia, Letania, vive en Dios” Siglos IV- V dC. Vidrio y hoja de oro. Museo Lapidario de Aviñón


Sarcófago con guirnaldas y cabezas de Medusa, símbolo apotropaico  protector de la tumba.  Encolpius y Antonilla,  herederos de Attia Esyche, “mujer muy irreprochable”, dedican este sepulcro a su patrona. S. II dC. Museo de Arles


Estela funeraria mandada hacer por la heredera de unos libertos: “Consagrado a los dioses Manes. Los Titos, libertos de Surio, aquí yacen, para quienes Lirilla, su heredera en vida, mandó hacer el monumento… Aquí yacen. Así están. La tierra os sea leve” S. II dC. Museo de Jaén


SER MUJER EN ROMA

La mujer en el Imperio Romano, generalmente sometida al orden patriarcal, luchó por estar en igualdad de condiciones ante la ley con los hombres. Se conocen mujeres que se alzaron contra la tutela masculina, siendo esta tutela el régimen de control y autoridad que los varones de la familia ejercían sobre las mujeres de clase social alta. Solamente las Vestales, sacerdotisas al servicio de la diosa del hogar, estaban libres de este sometimiento.


Las romanas, dependiendo de sus derechos, podían ser libres, libertas o esclavas. Las primeras, por lo general, pertenecían a la élite, y, cuando se casaban, se convertían en matronas, siendo su función principal la procreación. Al fallecer, eran recordadas en sus lápidas mediante epitafios que aludían a las virtudes propias de su condición: fidelidad, castidad, prudencia y trabajo, pues era lo que se esperaba de ellas.

Libertas eran las antiguas esclavas que habían conseguido su liberación, bien comprándose ellas mismas o bien siendo adquiridas por otra persona. Otro modo de conseguir la libertad era casándose con su antiguo dueño (dominus) y por testamento, es decir, cuando fallecía su domina o dominus podían dejar por escrito en sus últimas voluntades que se les concediera la manumisión. Algunas libertas llegaron a adquirir una riqueza e importancia social mayor que las nacidas libres.

Cualquier persona de la Antigüedad podía convertirse en esclava por varios motivos, independientemente de su clase social. En la mayoría de las ocasiones eran menospreciadas por sus dueñas o dueños, que además tenían derecho de vida y muerte sobre ellas y, en cualquier momento, podían venderlas. Sus funciones principales eran ocuparse de las tareas domésticas de la domus. Estas mujeres esclavas sufrieron la violencia ejercida contra ellas a través de su cuerpo, ya que fueron utilizadas con fines sexuales o reproductivos.


A las mujeres de las clases sociales superiores se las podía ver fuera de sus casas, realizando compras, de visita a otras mujeres, o acompañando a sus maridos a fiestas y banquetes. Es sabido que las romanas, independientemente de su clase social, podían participar en celebraciones religiosas, ejerciendo función de sacerdotisas o devotas de diferentes cultos. Paradójicamente, este papel les dio visibilidad al permitirles cierta participación en la vida pública.
Imágenes:

Virgen Vestal Máxima. Museo de la Civilización de Quebec. Las Vestales se encargaban de mantener el fuego sagrado de Vesta.

La madre, sentada en su sillón, amamanta al bebé Cornelio Estacio, mientras el padre contempla tiernamente la escena. Este sarcófago lo debieron dedicar los padres al hijo, tal vez muerto prematuramente. Ca. 150 dC.

Altar funerario de Cominia Tyche.  El busto de la mujer que domina el ara luce peinado Flavio y, en la inscripción inferior, se ensalzan los valores propios de las matronas romanas: piedad y castidad. Murió a los 27 años, 11 meses y 28 días. Ca. 90-100 dC. MOMA, Nueva York.

La madre de la familia tiene el huso, tal vez equiparable al arado para el hombre. En esta representación, tras las cortinas de encaje, la reina de Skyros, Rea, ataviada con manto y diadema, recibe el huso que le entrega la nodriza de la princesa Deidamia. Mosaico del oecus de la villa romana de La Olmeda, Pedrosa de la Vega. 350-450 dC.

Era perfectamente normal que un propietario pretendiera satisfacer sus deseos sexuales o los de sus amigos con esclavas, muchas de éstas eran elegidas para ese fin. Fresco de una de las habitaciones del lupanar de Pompeya. Ca. 70-79 dC.

Lápida de Nice, procedente de Beja, en la que se desarrollan, en un carmen epigráfico, las creencias y las dudas sobre la muerte y la vida, que parecen responder a toda una filosofía epicúrea. Inachus y Nice eran esclavos:
“Viajero, quienquiera que seas que pasas ante mí, aquí enterrada cuando hayas leído en esta piedra [de término] que he muerto en el vigésimo [año] de mi vida, me compadecerás, aunque percibirás mi descanso,y dulcemente desearé para ti, que estás cansado, que vivas más [años]  y  que  envejezcas más. Disfruta de la  vida  que  a mi no me  ha  sido permitido  [disfrutar]. (Me) complace que llores tu que…. Ínaco hace merecidamente esta [piedra de término]. /Vete; más bien apresúrate, pues tu que (me) lees, tu mismo seras leído; vete;/ Nice vivió veinte años.  Siglos I-II dC. Museo de Évora
Esposos. Monumento funerario. Museo de Arles. S. I dC.

Madre e hija. Cipo sepulcral “de los retratos”. Aún son visibles los restos de la policromía original. Museo de Arles. S. I dC.

Sarcófago de final del siglo I dC. Escena en el taller del escultor. La mujer del difunto, peinada al estilo Flavio, ha encargado el retrato de su esposo. Museos Vaticanos: Galería de los Candelabros, Roma.



domingo, 5 de enero de 2014

FEMINA KUANUM. DE DIOSAS A MORTALES: MUJER Y PODER

Además de los cultos oficiales que representaban los arquetipos de la sociedad romana, también existieron otra serie de divinidades menores y otras importadas de Oriente, incluyendo los cultos de las misteriosas Isis o Cibeles. Fueron también muy populares entre las mujeres los diversos cultos de Fortuna, que las acompañaban a lo largo de su vida y que se confundían con los de Mater Matuta (la buena madre). El culto a Isis fue enormemente popular entre las mujeres de todas las clases sociales, aunque también atraía a un gran número de hombres (sucedía algo similar con Mitra entre el género masculino).

El sacerdocio femenino fue muy importante con el culto de Vesta, materializado con las  sacerdotisas Vestales. Se trataba de una congregación de mujeres que debían permanecer vírgenes  y que se encargaban de  mantener vivo el fuego sagrado del Estado. A cambio, disfrutaban de una serie de privilegios únicos: entre otros, estaban emancipadas legalmente, iban precedidas por un lictor (reservado a los magistrados) o podían conducir un carruaje de dos ruedas, el “carpetum”.


Otras sacerdotisas importantes fueron las Flamínicas. En este caso se trataba de mujeres casadas con un flamen (sacerdote). La más importante, la flaminica dial vestía el color del fuego y llevaba la imagen del rayo. El sacerdocio cesaba con la muerte del marido. También había flamínicas dedicadas al culto imperial, lo que constituía una forma de ascenso social en las ciudades de provincias.

Aunque las mujeres no pudieron ocupar cargos políticos ni servir en el ejército, ya durante la República se reconoció su patriotismo, virtudes y el sacrificio de algunas de ellas. Probablemente, se trate de personajes míticos que trataban de ensalzar los valores del pueblo de Roma.

Durante las guerras civiles que acabaron con la República, Apiano informa del heroísmo de mujeres que salvaron a sus maridos. Un epitafio conocido como la Laudatio Turiae conserva el elogio de un esposo por su esposa, que durante la guerra civil que siguió a la muerte de Julio César, corrió peligro por su propia vida y renunció a sus joyas para enviar ayuda a su marido en el exilio. Ambos sobrevivieron la turbulencia del tiempo para disfrutar de un largo matrimonio.

Una mujer notable fue Livia Drusilla Augusta (58 aC.-29 dC.), la más poderosa del Imperio romano, actuando muchas veces como regente y siendo fiel consejera de su esposo, el emperador Augusto. Varias mujeres de la familia imperial, como la biznieta de Livia y hermana de Calígula, Agripina la Menor, ganaron influencia política, así como la prominencia pública.
Independientemente de las  acciones femeninas  individuales, a partir de la dinastía Flavia se convirtió en bastante usual que se acuñaran monedas con la efigie de la mujer del  emperador, como una forma más de propaganda imperial.

IMÁGENES:

La poderosa Medusa constituía, originalmente, la representación del castigo a la soberbia de la belleza. Después, fue considerada un símbolo de la tristeza y, como tal, se representa plásticamente a principios del siglo II dC. Cabeza de Medusa de Provençana (Hospitalet de Llobregat). Museo de Arqueología de Cataluña

Las amazonas, personajes mitológicos relacionados con la diosa Diana, eran mujeres opuestas al ideal clásico del mundo femenino: salvajes y fuertes. Esta escultura de la amazona herida conserva restos de policromía. Museo de Écija. Siglo I-II dC.

Fortuna era, en la mitología romana, la diosa de la suerte, buena o mala, aunque siempre se tendió a asociarla con lo bueno -lo fasto- y la fertilidad. Diversas representaciones de la diosa procedentes de: 1,  Itàlica, Museo Arqueológico de Sevilla,  s. II dC.; 2, Museo de Écija, s. I-II dC.; 3, Museo Arqueológico de Lyon, s I-II d.C.

Para las mujeres, la “Fortuna Virginalis” se centró en la madurez física y de realización sexual. A ella dedicaban las chicas las pequeñas togas que vestían en la adolescencia. Obsérvese a una niña atavidada con una de estas togas que, una vez ofrendadas a la diosa, eran sustituídas por la estola

Retrato de una vieja matrona romana en la representación de la diosa madre Cibeles, tal vez sacerdotisa en su culto. Posee muchos de sus atributos: la corona en forma de muralla, símbolo de su papel como protectora de las ciudades, el manojo de espigas y amapolas, como diosa de la agricultura y, a sus pies, el león, en razón de su poder sobre los animales salvajes. S. I dC. Villa Getty. Malibú

Las Vestales respondían a la creencia romana que relacionaba la virtud femenina con la salud del Estado. Su estatus les permitía ocupar en los espectáculos el podio imperial. Relieve con la cabeza de una Vestal. Palatino. Roma. S. I dC.

Las sacerdotisas de Ceres tenían el prestigioso deber de administrar un culto estatal. Ceres y Proserpina. Museo del  Louvre

El culto de Isis era una de las muchas misteriosas religiones orientales que permanecen en fuerte contraste con los tradicionales cultos de la religión romana. El fresco muestra a  Canopus, llegado a Egipto, donde es recibido por Isis, que le hace recobrar el aspecto humano. Al fondo, un hombre y una mujer agitan sendos sistros, instrumento propio de su culto. S. I dC. Pompeya:  Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.

Lámpara  con representación de la diosa Isis estrellada, con sistro en la mano izquierda y phiale o copa de libaciones en la derecha.  Época Flavia.  Museo Calvet, Aviñón.

Las mujeres tuvieron un papel destacado en el culto a Baco. Mosaico con escena báquica: Teseo abandona a Ariadna en Naxos. Encontrada allí por Baco, éste la hace su esposa. Teseo no es el único héroe de la mitología que, tras alcanzar sus objetivos con la ayuda de una mujer, la abandona una vez realizada la hazaña. Mosaico con firma de taller: EX OFFICINA ANNIBONI. Finales del s. IV dC.  Museo Nacional de Arte Romano de Mérida

Las imágenes de las monedas no son inocentes, sino que transmiten ideas de utilidad social, sirviendo como medio de propaganda dinástica. Así, la representación de la esposa del emperador se convierte en aparato del poder, y con ello el cuerpo de la mujer y, de manera especial, el peinado, que marca la moda en todo el Imperio. Monedas con efigies de las esposas de emperadores romanos, siglos I a III. Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.

Retrato de la emperatriz Livia, hecho en basalto egipcio. Museo del Louvre. 31 dC. Livia fue el paradigma de la matrona romana: nunca llevó excesiva joyería ni vestidos pretenciosos. Su popular imagen tuvo un efecto espectacular en la representación visual del futuro imperial de la mujer, como ideal de honorable madre y esposa romana.

jueves, 5 de diciembre de 2013

FEMINA KUANUM: ¿CÓMO SE PUEDE RECONSTRUIR LA VIDA DE LA MUJER ROMANA?

Preguntas como esta tienen respuesta en esta exposición que el próximo sábado, 14 de diciembre se inaugura en La Olmeda.

¿CÓMO SE PUEDE RECONSTRUIR LA VIDA DE LA MUJER ROMANA?

La preferencia, antigua y moderna, por la historia política y militar, ha relegado al olvido durante siglos el papel de aquellas personas que estaban excluidas, por el sexo o la clase social, de la vida política e intelectual de sus sociedades.

La “grandeza de Roma” destacó siempre por la acción de los varones, mientras que se obviaban las actuaciones de las mujeres, que formaban parte de la misma sociedad. Las evidencias arqueológicas, las inscripciones y las fuentes literarias ofrecen informaciones al respecto que se han de tener en cuenta, pero siempre utilizándolas con cautela y espíritu crítico. Por ejemplo, incluso en los campamentos militares romanos aparecen objetos femeninos, lo que ha llevado a pensar en la presencia de mujeres en estos recintos.
Encontramos fuentes de información sobre la vida privada de las mujeres, dentro de las clases altas, en innumerables testimonios literarios: autores en prosa, historiadores, biógrafos, oradores, filósofos, textos legales, comentarios jurídicos o cartas.  Sin embargo, aparte de unos pocos retazos de poesía lírica, el resto de la literatura romana que nos ha llegado fue escrita por hombres que ofrecieron en muchas ocasiones una visión femenina con tintes de misoginia.

Otra fuente de interés para la reconstrucción de la vida privada es la que ofrecen la arqueología y las bellas artes: frescos, esculturas, relieves, cerámica, numismática, objetos cotidianos, grafiti, epigrafía, tablillas enceradas y papiros, etc. Destacan las inscripciones que nos permiten comprender, de primera mano, algunos aspectos de la vida de muchas mujeres.


Estas evidencias ayudan a componer una historia difícil de reconstruir en el caso de las mujeres más privilegiadas y, aún mucho más, en las que no lo eran. En una sociedad dominada por los varones, las actitudes hacia las mujeres y los papeles desempeñados por éstas hace más de dos mil años, han constituido una herencia que ha perdurado prácticamente hasta nuestro tiempo.

Juvenal, en toda su Sátira VI, se emplea en hacer una crítica tan exacerbada en contra de las mujeres que resulta fácil no tomarlo en serio como informante moralista de la sociedad de la Roma del siglo II que retrata. La Sátira resulta ser inclasificable. No puede se incluída dentro de la crítica moralista en la que el escritor fustiga los vicios esperando que la sociedad reaccione contra ellos. La mujer casada, que conlleva inherente a esta condición la de ser adúltera, es el objeto del azote verbal del poeta. Para ello, éste tiene en cuenta a sus antecesores en el tema, en especial a los griegos Semónides, Aristófanes y Teofrasto y, por supuesto al "inventaor" de la sátira latina: Lucilio. A todos ellos los supera en hablar en contra de las mujeres, pero su discurso no rpetende ser didáctico, sino que es solamente y nada menos que una retahíla de los distintos tipos de mujeres que encarnan todos los vicios imaginables, por eso el consejo de Juvenal al imaginario interlocutor es que no debe casarse, consejo del que será heredero en la literatura española Francisco de Quevedo. 



La sátira VI tiene por tema un concepto típicamente romano, la pudicitia, algo así como pudor o recato en materia carnal. Luego de elogiar la pudicitia “perdida” de las antiguas matronas romanas, aplica el estilete a los comportamientos de su época. 

He aquí algunos fragmentos: 

Si tibi simplicitas uxoria, deditus uni 
est animus, summite caput cervice parata 
ferre iugum. Nullam invenies quae parcat amanti: 
ardeat ipsa licet, tormentis gaudet amantis 
et spoliis; igitur longe minus utilis illi 
uxor, quisquis erit bonus optandusque maritus. 
Nil umquam invita donabis coniuge, vendes 
hac opstante nihil, nihil, haec si nolet, emetur. 
... 
Scilicet expectas ut tradat mater honestos 
atque alios mores quam quos habet?... 
... 
Nulla ferre causa est in que non femina litem 
moverit... 
... 
Semper habet lites alternaque iurgia lectus 
in quo nupta iacet; minimum dormitur in illo. 
Tunc gravis illa viro, tunc orba tigride peior, 
cum simulat gemitus occulti conscia facti; 
au odit pueros aut ficta paelice plorat 
uberibus semper lacrimis semperque paratis 
in statione sua atque expectantibus illam, 
quo iubeat manare modo; tu credis amorem, 
tu tibi tunc, uruca, places fletumque labellis 
exorbes, quae scripta et quot lecture tabellas, 
si tibi zelotypae retegantur scrinia moechae. 
... 
Audio quid veteres olim moneatis amici: 
“Pone seram, cohibe.” Sed quis custodiet ipsos 
custodes? Cauta est et ab illis incipit uxor. 
... 
... Vivit tamquam vicina mariti, 
hoc solo propior quod amicos coniugis odit 
et servos, gravis est rationibus... 
... 
Tantum artes huius, tantum medicamina possunt, 
quae steriles facit atque homines in ventre necandos 
conducit. Gaude, infelix, atque ipse bibendum 
porrige quidquid erit; nam si distendere vellet 
et vexare uterum pueris salientibus, esses 
Aethiopis fortasse pater... 

... 
Si, marido inocente, está entregada tu alma 
a una sola, somete la cabeza, preparada la cerviz 
para el yugo. Ninguna encontrarás que respete a quien la ama: 
aunque ella arda de amor, se goza en los tormentos del amado 
y sus despojos; por lo tanto mucho menos útil le será 
la esposa a todo aquel que sea bueno y envidiable. 
Nada jamás regalarás si no consiente, nada 
venderás si se opone, si no quiere nada habrá de ser comprado. 
... 
¿Acaso esperas que la madre le transmita 
hábitos honestos y distintos de los suyos?... 
... 
Casi no hay juicio en el que una mujer no haya causado 
el pleito... 
... 
Siempre hay pleitos y disputas en el lecho 
donde se acuesta una casada; muy poco allí se duerme. 
Es pesada a su marido, peor que tigra privada de su cría, 
cuando simula gemidos a sabiendas de sus hechos ocultos; 
o bien odia a sus hijos o llora porque inventa alguna amante 
siempre con lágrimas copiosas, siempre 
preparadas en su puesto y esperando 
que les ordene el modo de manar; tú lo crees amor, 
tú entonces, oruga, te complaces y el llanto con tus labios 
sorbes, ¡qué cartas y cuántos recados leerías 
si se te abrieran los cofres de esta adúltera celosa! 
... 
Escucho lo que, viejos amigos, hace tiempo aconsejáis: 
“Pon cerradura, enciérrala”. Pero ¿quién custodiará 
a los custodios? Es astuta la esposa y por ellos comienza. 
... 
... Ante el marido vive igual que una vecina, 
sólo más propia porque odia a los amigos del cónyuge 
y a sus esclavos y es gravosa para su presupuesto... 
... 
Tan grandes artes, tantas medicinas poseen, 
esas que hacen estériles y por matar humanos en el vientre 
cobran. Alégrate, infeliz, y tú mismo la poción 
ofrécele, cualquiera que ésta sea; pues si quisiera dilatar 
y molestarse el útero con los saltos de los niños, serías 
quizá padre de un etíope... 





FEMINA KUANUM: EL PODER EN LA CASA, LA MATRONA ROMANA

Univira, lanifica, casta, pia, frugi y domiseda.

La matrona, esposa del pater familias y sometida a la autoridad nominal de este, era la organizadora real de la vida cotidiana dentro de la casa.

Una matrona modelo debía de ser univira, de un solo hombre, y casta, en relación a los valores familiares que tenía impuestos.

El valor de la pietas responde al respeto por los fundamentos de la sociedad y de la civilización romana, entre los que están las leyes que la someten a la tutela masculina.  En este sentido, eran cualidades muy apreciadas, el silencio y la discreción.

Frugi y domiseda son virtudes en relación con el espacio privado o familiar, representado por el hogar en el que discurre la vida, del que son administradoras y custodias, cuidando del fuego que ilumina y alimenta sus vidas, tal y como lo hacían las Vírgenes Vestales con el fuego sagrado.

La domus romana tiene espacios masculinos, femeninos o indistintos. Es la matrona la que organiza y dirige tanto el arreglo y preparación del aspecto físico de la casa como de la vida familiar, entendiéndola en un sentido amplio: la pareja, los hermanos y hermanas solteras y los esclavos.

Además, la matrona es la que gobierna la cocina, escoge las dietas alimentarias y, con su cuidado y dedicación, consigue el bienestar de la familia o el triunfo social ante los invitados. Los conocimientos de las propiedades beneficiosas o malignas de los elementos naturales, la convertían en encargada de la medicina doméstica, usando para ello las plantas cultivadas en el jardín de la casa.

Como sacerdotisa doméstica se ocupa de mediar entre los dioses protectores, manteniendo el fuego del hogar y realizando las ofrendas pertinentes.
El hecho biológico de engendrar es también importante, ya que es la que trae al mundo los hijos que perpetúan el linaje.  Asimismo, los educará, hasta que puedan valerse por sí mismos o sean confiados a un paedagogus.


Todos estos valores tienen reflejo en el reconocimiento público que se le otorga a una matrona, llamada Claudia, en su epitafio:

 “Extranjero, no tengo mucho que decirte. Ésta es la
tumba no hermosa de una mujer que fue hermosa. Sus padres la
llamaron Claudia. Amó a su marido con todo su corazón. Dio a
luz dos hijos. Uno lo deja en la tierra, al otro lo ha enterrado.
Amable en el hablar, honesta en su comportamiento, guardó la
casa, hiló la lana. No tengo más que decirte. Sigue tu camino.”



Imágenes:

Marcial manifiesta una gran delicadeza para con Pola, viuda de su amigo  Lucano, el poeta de Corduba, quien le había enviado seguramente en su aniversario un ramo de flores. Dice así:
“Pola,  ¿por qué me envías coronas de flores intactas?
Prefiero recibirlas ajadas entre tus manos”.  Fresco de la Villa de los Misterios, Pompeya. S. I dC.

De la mujer se esperaba también su devoción filial: Pero amamanta a su anciano padre Micón, cuando este fue recluido en prisión. Fresco de Pompeya. Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. 50-79 dC.

Otra de las virtudes encomiables de la mujer era la de la virginidad:            “A los dioses Manes y a la memoria eterna de Julio Alejandro, africano de nacimiento, ciudadano de Cartago, hombre excelente, artista vidriero, que murió a los 75 años, 5 meses y 13 días, después de 48 años de matrimonio perfecto con su mujer, desposada virgen, con la que tuvo tres hijos y una hija, a todos los cuales ha conocido y dejado vivos.  Ha erigido esta tumba Numonia Bellia, su mujer, sus hijos Julio Alexio, Julio Félix, Julio Gallonio y su hija Julia Belliosa, y también sus pequeños Julio Au [..]us, Julio Félix, Julio Alejandro, Lulio Gallonio, Julio Leoncio, Julio Gallo…, Julio Eonio y el bebé Cirio se la dedican…”  Cipo funerario, s. III dC. Museo de Lyon

Valerio Máximo, entre otros, relata la posición de la mujer en el banquete: “no comían recostadas, como los hombres, sino sentadas; no tomaban parte en la comissatio, no bebían vino puro sino mulsum”. Séneca dice que es injusto exigir fidelidad y austeridad a una mujer cuando su hombre es un adúltero y un borracho. Convivium en un fresco de Pompeya. S. I dC. Museo Arqueológico Nacional de Nápoles

Las mujeres romanas debían llevar la cabeza cubierta por un velo o un manto  (“a la mujer honorable sólo se le ve el rostro”, decía Horacio). Mujer con velo,  fresco de la Villa San Marco. S. I dC.

La madre de tres hijos, por lo menos, llevaba una estola especial, la stolata matrona. Pintura mural de procedencia itálica. Villa Getty, Malibú. S. I-II dC.

Un hermoso canto nupcial dedica Marcial a su amigo Pudente, desposado con Claudia Peregrina: “que la felicidad del cielo descienda sobre las antorchas nupciales, oh Himeneo. Tan felizmente se une el precioso cinamomo al nardo, los vinos mágicos a los panales de Ática, la tierna viña no se enlaza más estrechamente a los olmos, ni el loto siente más ansia de las aguas, ni el mirto de los litorales; Sincera Concordia, reina perpetuamente en su lecho, y que Venus se muestre siempre favorable a esta pareja tan equilibrada. Que ella ame a su marido ya anciano como si fuera joven, y que ella a los ojos del marido no sea nunca vieja”. Mosaico con la nereida Doto. Museo Saint Raymond de Toulouse. S. IV-V dC.

Muchas matronas tuvieron un trato amable con sus esclavos y siervos. Prueba de ello son algunas inscripciones funerarias que estos les dedicaron. S. II-III dC. Museo Saint Raymond de Toulouse

Los primeros años, las niñas eran educadas junto a los niños y compartían espacios de juego. Sepulcro conservado en el Museo del Louvre. S. II dC.

Cacharritos de cocina como estos formaban parte de los juegos de las pequeñas romanas. Museo de Arte Romano de Mérida. S. I-II dC.

Muñecas, tabas, pelotas… eran los objetos predilectos de las niñas a la hora del juego. También este cucullati, marioneta articulada encapuchada con el manto galo. S. I-II dC. Museo Arqueológico de Linares

La madre que amamantaba a sus hijos, era motivo de alabanza.  Terracota romana con madre y niño. S. I dC. Museo Arqueológico de Sevilla

La matrona también era la encargada de cuidar de la alimentación de la casa. Reconstrucción actual de una receta romana servida sobre un plato de alas. Termas romanas de Sant Boi de Llobregat. KuanUm